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jueves, 7 de enero de 2010

Independencia Emocional.

No tengo por qué estar aquí, lo hago porque quiero, porque me gusta y porque yo también disfruto. Si esto no fuera así, hacía tiempo que me habría ido. Nunca des por hecho que estoy en deuda contigo, que necesito complacerte o que dependo lo más mínimo de ti. Como ya he dicho, estoy aquí porque quiero, y ese deseo puede cambiar en cualquier momento. Nadie es imprescindible en la vida de otra persona, aunque a veces parezca que si. Y yo he aprendido a disfrutar de la soledad aun estando rodeado de personas. Unas vienen y otras se van, pero la más importante, mi persona, sigue a mi lado siempre. De hecho, si tuviera miedo, si estuviera asustado, no estaría contándote esto ahora mismo, me lo guardaría e intentaría evitar por todos los medios que descubrieras lo que siento. Ya ves que no. Llega un momento en que te sientes tan libre, tan independiente emocionalmente, que podrían cubrir todo un océano con la gente que sobra en tu vida, que no necesitas.

Lo mejor de todo es que hay quien es capaz de llenarme tanto, que resultaría imposible echar en falta a nadie más. Y esto no es una contradicción, sino la excepción que confirma la regla.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Las claves del éxito.

Esta noche ha ocurrido algo que me ha hecho reflexionar sobre la importancia que tienen las personas de tu alrededor a la hora de triunfar en alguna faceta de la vida. Me explico:

Cabría pensar, si analizamos el tema en profundidad, que la base principal sobre la que se sustenta el éxito de una persona, ya sea social o laboral, es la propia capacidad del sujeto y sus medios. Sin embargo, y sin restarle importancia, creo que esto es tan valioso como el conjunto de personas que van a ser conscientes de la empresa en la que has destacado de alguna forma. Cincuenta cincuenta, diría yo.

En primer lugar, es importante que la sociedad sepa reconocer y valorar correctamente el hecho: alguien a quien le de igual el fútbol no reconocería la habilidad de Zidane, por ejemplo, o alguien que no sepa leer, difícilmente alcanzará a valorar el éxito o no de una obra literaria. Hasta ahí, correcto. El problema viene cuando además de que la gente sepa separar lo común de lo extraordinario, necesitas que ésta tenga a bien admitirlo de forma pública y no lo obvie o le reste mérito simplemente por no tener afinidad contigo. Esto suele pasar y es un error.

En segundo lugar, es imprescindible, en caso de que dependas de otras personas para acometer la hazaña, que éstas sean a su vez triunfadoras, y tengan la habilidad de analizar su lugar en el proceso, la capacidad para realizar bien su trabajo y el reconocimiento correspondiente del resto de compañeros y personas externas a la labor. Si en un grupo de trabajo te rodeas de gente inepta, poco trabajadora, o no comprometida con tu proyecto y tu persona, probablemente no te irán tan bien las cosas como cabría prever por tu capacidad potencial.

Hay, por tanto, demasiados factores externos a la propia persona que se quiere triunfadora y es por esto por lo que se debe valorar tanto el éxito en cualquier evento.

En definitiva, no basta con tener una habilidad especial, sino que hay que saber hacer que la valoren sin ofender o menospreciar a nadie que no la posea, rodeándote además de gente que no frene tus éxitos o que puedan tirar por tierra lo que hayas conseguido. Difícil.