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viernes, 19 de marzo de 2010

A los padres.

Todo el mundo sabe, o debería saber, la gran responsabilidad que acarrea tener un hijo. También sabemos que, además de eso, tener un hijo obliga a que los padres hagan numerosos esfuerzos, tomen decisiones importantes, se sientan decepcionados algunas veces, y enorgullecidos otras. En la mayoría de los casos, un hijo proporciona felicidad.


Sin embargo, nunca se habla de lo importante que es tener un gran padre, un padre que sea responsable y no le reste prioridad a los asuntos familiares, que aun siendo exigente, sea flexible. Un padre que sea consciente de la época en la que vive y en la que viven sus hijos, que esté actualizado y conozca tanto los peligros y problemas que puedan sufrir los suyos, como las inquietudes y aspiraciones que puedan tener. En definitiva, un padre moderno, que utilice su experiencia para aconsejar y no para prohibir, que fomente una educación basada en el respeto y los valores morales y que, y esto es lo más importante, otorgue diariamente una alta dosis de cariño continuado e incondicional. Tan importante es la figura paterna, que en el derecho civil se nos exige actuar con toda la diligencia de un buen padre de familia.


Y es que un hijo, por muy independiente que parezca a la hora de pensar y de tomar decisiones, necesita sentir todos y cada uno de los conceptos que aún no tiene realmente asumidos, por no ser una persona experimentada: seguridad, confianza, aprobación, tranquilidad, esperanza y afecto. Es aquí donde el padre tiene un papel fundamental, ya que para muchos, lo logrado por su progenitor se antoja como una meta inalcanzable digna de admiración y de orgullo, y cualquier muestra positiva proyectada se convierte en un valioso regalo.


Por eso le doy mil gracias a mi padre. Por todos estos años y los que nos quedan siendo la persona más importante e influyente de mi vida. Porque aunque desea que tenga el doble de éxito que él en la vida, me conformaría con alcanzar tan sólo la mitad.


Feliz día del padre.

viernes, 5 de febrero de 2010

La mala educación.

"Voy a empezar a comer ya, que tengo mucha hambre". Es decir, soy el monstruo de las galletas y no puedo esperar ni dos minutos más a que traigan tu plato. Si no dijeras siempre lo mismo cada vez que vamos a comer...
¿Tan difícil es ser medianamente educado? Tampoco hay que pasarse de elitista y hacer sentir a los demás culpables por ser uno excesivamente tiquismiquis en cuanto a los modales, pero de verdad, ¿tanto cuesta cumplir unos mínimos?
Si estoy en el ascensor y voy a salir, ¿por qué tienes la necesidad imperiosa de entrar mientras estoy saliendo? ¿No puedes esperar cinco segundos?
Cada vez que voy a alzar la voz durante una clase en la universidad le doy mil vueltas a la manera en la que voy a dirigirme al profesor, ¿por qué los demás preguntan como si estuvieran hablando con su hermano menor, exigiendo?, y lo que es peor, ¿por qué el profesor no me corresponde con una respuesta respetuosa?
¿Por qué no sujetas la puerta cuando voy a entrar detrás, en vez de dejar que me pegue en las narices?
¿Por qué llegas tarde? Cuando llego tarde a un sitio tengo la sensación de estar robándole tiempo a la persona con la que he quedado. Y si vas a llegar tarde, ¿por qué no avisas? No va a cambiar el hecho del retraso pero, al menos, no me pasaré la media hora siguiente pensando que eres un hijo de la gran puta.
¿Por qué me interrumpes cuando estoy hablando? ¿Qué necesidad tienes de conversar con alguien si no tienes ni el más mínimo interés en escuchar lo que la otra persona quiere decir? Sólo hablas con la gente para escucharte, ni siquiera para que te escuchen y mucho menos para escucharlas tú.
¿Por qué no me devuelves el dinero que me debes por iniciativa propia en lugar de ponerme en el terrible compromiso de tener que pedírtelo una y otra vez, haciendo que al final yo me sienta culpable por ser tan exigente?

Todas estas preguntas y algunas más por el estilo no encuentran, a día de hoy, respuestas para muchas personas que por no tener la desvergüenza de creer que todo da igual, tienen que sufrir en cada momento a seres que les hacen la vida un poco más desagradable, si cabe.

Decir 'gracias' no cuesta nada y, a menudo, hace sentir más agradecido al que las recibe que al que las da, así que muchas gracias a todos por dedicar parte de vuestro tiempo a leer este blog.