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viernes, 19 de marzo de 2010

A los padres.

Todo el mundo sabe, o debería saber, la gran responsabilidad que acarrea tener un hijo. También sabemos que, además de eso, tener un hijo obliga a que los padres hagan numerosos esfuerzos, tomen decisiones importantes, se sientan decepcionados algunas veces, y enorgullecidos otras. En la mayoría de los casos, un hijo proporciona felicidad.


Sin embargo, nunca se habla de lo importante que es tener un gran padre, un padre que sea responsable y no le reste prioridad a los asuntos familiares, que aun siendo exigente, sea flexible. Un padre que sea consciente de la época en la que vive y en la que viven sus hijos, que esté actualizado y conozca tanto los peligros y problemas que puedan sufrir los suyos, como las inquietudes y aspiraciones que puedan tener. En definitiva, un padre moderno, que utilice su experiencia para aconsejar y no para prohibir, que fomente una educación basada en el respeto y los valores morales y que, y esto es lo más importante, otorgue diariamente una alta dosis de cariño continuado e incondicional. Tan importante es la figura paterna, que en el derecho civil se nos exige actuar con toda la diligencia de un buen padre de familia.


Y es que un hijo, por muy independiente que parezca a la hora de pensar y de tomar decisiones, necesita sentir todos y cada uno de los conceptos que aún no tiene realmente asumidos, por no ser una persona experimentada: seguridad, confianza, aprobación, tranquilidad, esperanza y afecto. Es aquí donde el padre tiene un papel fundamental, ya que para muchos, lo logrado por su progenitor se antoja como una meta inalcanzable digna de admiración y de orgullo, y cualquier muestra positiva proyectada se convierte en un valioso regalo.


Por eso le doy mil gracias a mi padre. Por todos estos años y los que nos quedan siendo la persona más importante e influyente de mi vida. Porque aunque desea que tenga el doble de éxito que él en la vida, me conformaría con alcanzar tan sólo la mitad.


Feliz día del padre.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Las claves del éxito.

Esta noche ha ocurrido algo que me ha hecho reflexionar sobre la importancia que tienen las personas de tu alrededor a la hora de triunfar en alguna faceta de la vida. Me explico:

Cabría pensar, si analizamos el tema en profundidad, que la base principal sobre la que se sustenta el éxito de una persona, ya sea social o laboral, es la propia capacidad del sujeto y sus medios. Sin embargo, y sin restarle importancia, creo que esto es tan valioso como el conjunto de personas que van a ser conscientes de la empresa en la que has destacado de alguna forma. Cincuenta cincuenta, diría yo.

En primer lugar, es importante que la sociedad sepa reconocer y valorar correctamente el hecho: alguien a quien le de igual el fútbol no reconocería la habilidad de Zidane, por ejemplo, o alguien que no sepa leer, difícilmente alcanzará a valorar el éxito o no de una obra literaria. Hasta ahí, correcto. El problema viene cuando además de que la gente sepa separar lo común de lo extraordinario, necesitas que ésta tenga a bien admitirlo de forma pública y no lo obvie o le reste mérito simplemente por no tener afinidad contigo. Esto suele pasar y es un error.

En segundo lugar, es imprescindible, en caso de que dependas de otras personas para acometer la hazaña, que éstas sean a su vez triunfadoras, y tengan la habilidad de analizar su lugar en el proceso, la capacidad para realizar bien su trabajo y el reconocimiento correspondiente del resto de compañeros y personas externas a la labor. Si en un grupo de trabajo te rodeas de gente inepta, poco trabajadora, o no comprometida con tu proyecto y tu persona, probablemente no te irán tan bien las cosas como cabría prever por tu capacidad potencial.

Hay, por tanto, demasiados factores externos a la propia persona que se quiere triunfadora y es por esto por lo que se debe valorar tanto el éxito en cualquier evento.

En definitiva, no basta con tener una habilidad especial, sino que hay que saber hacer que la valoren sin ofender o menospreciar a nadie que no la posea, rodeándote además de gente que no frene tus éxitos o que puedan tirar por tierra lo que hayas conseguido. Difícil.