El barco dorado de tu cuerpo,
capitaneado por tu belleza
y con tu boca como único timón,
se adentra en el mar de mi piel,
anticipando en cada palmo, en cada nudo,
el desenlace más placentero.
El motor incansable de tu lengua,
abanderando el deseo de surcarme,
manda alzarse en armas con tus dientes,
que terminarán luchando contra mis olas,
teniendo como objetivo un final
donde inunde de espuma blanca tu cubierta.
Después, cuando sabia la naturaleza,
otorga a este desbocado mar el control,
apagas el motor y pliegas las velas,
y te abandonas a la intensa corriente
que recorre tu cuerpo desde el mío,
en una tempestad de dulces sacudidas.
Defendiéndote, tensa y desconectada,
anegada de sudor, placer y gemidos,
te vas hundiendo, perdiendo el norte
y aferrándote con la entrepierna
a mi húmeda rosa de los vientos,
con la que te guío hasta donde quiero.
Cuando en las profundidades, debajo,
parece que se acabara el oxígeno,
te impulso con fuerza hacia el infinito,
sobre un torrente de voz y semen,
donde te corres, mezclada en mi líquido,
fundiéndonos, jadeantes y acelerados.
Es entonces el momento
del ritual de las caricias y los besos,
momento en el que el barco, repuesto,
se desliza sobre un mar exhausto
que reposa tranquilamente, en calma,
y deseando que nunca llegue al puerto.
15/07/08
miércoles, 20 de enero de 2010
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:-P Bien,Dani, Bien.
ResponderEliminarP.D: Todavía sigo jugando!