martes, 26 de enero de 2010

Nuestro lado oscuro.

¿Qué hay del arrepentimiento?, es decir, ¿hasta dónde llega el dolor que nos produce?
El remordimiento nunca nace de lo inevitable.
Por qué motivo, después de haber elegido la respuesta, calculado su poder de devastación, reconocida la diana y escuchado la súplica de no tirar a dar de nuevo, nos empeñamos en inflarla, en agregarle adjetivos y adverbios, en convertir el puñal de frase en cañón de párrafo, haciendo una nueva avanzadilla cruel y abusiva sobre la retaguardia ya dañada de la persona a la que amas, esa que ha pedido mil veces y una más que parases porque se sentía caer.
Es porque el amor nos hace poderosos. Es porque hay niveles en la ambición y a veces el sabernos con poder se muestra como algo más atractivo que la propia felicidad, algo que debiera estar en la cúspide. Por eso, no es bueno para nadie saber que tiene potestad para hacerle daño a otra persona, porque puede olvidar que la ama y que sin ella tendría que luchar mucho para sentirse otra vez afortunado.

Es una muestra más de que el amor es un arma de doble filo que puede clavarse en las lágrimas de ella, así como en tu conciencia.

miércoles, 20 de enero de 2010

Travesía Marítima.

El barco dorado de tu cuerpo,
capitaneado por tu belleza
y con tu boca como único timón,
se adentra en el mar de mi piel,
anticipando en cada palmo, en cada nudo,
el desenlace más placentero.

El motor incansable de tu lengua,
abanderando el deseo de surcarme,
manda alzarse en armas con tus dientes,
que terminarán luchando contra mis olas,
teniendo como objetivo un final
donde inunde de espuma blanca tu cubierta.

Después, cuando sabia la naturaleza,
otorga a este desbocado mar el control,
apagas el motor y pliegas las velas,
y te abandonas a la intensa corriente
que recorre tu cuerpo desde el mío,
en una tempestad de dulces sacudidas.

Defendiéndote, tensa y desconectada,
anegada de sudor, placer y gemidos,
te vas hundiendo, perdiendo el norte
y aferrándote con la entrepierna
a mi húmeda rosa de los vientos,
con la que te guío hasta donde quiero.

Cuando en las profundidades, debajo,
parece que se acabara el oxígeno,
te impulso con fuerza hacia el infinito,
sobre un torrente de voz y semen,
donde te corres, mezclada en mi líquido,
fundiéndonos, jadeantes y acelerados.

Es entonces el momento
del ritual de las caricias y los besos,
momento en el que el barco, repuesto,
se desliza sobre un mar exhausto
que reposa tranquilamente, en calma,
y deseando que nunca llegue al puerto.

15/07/08

jueves, 7 de enero de 2010

Independencia Emocional.

No tengo por qué estar aquí, lo hago porque quiero, porque me gusta y porque yo también disfruto. Si esto no fuera así, hacía tiempo que me habría ido. Nunca des por hecho que estoy en deuda contigo, que necesito complacerte o que dependo lo más mínimo de ti. Como ya he dicho, estoy aquí porque quiero, y ese deseo puede cambiar en cualquier momento. Nadie es imprescindible en la vida de otra persona, aunque a veces parezca que si. Y yo he aprendido a disfrutar de la soledad aun estando rodeado de personas. Unas vienen y otras se van, pero la más importante, mi persona, sigue a mi lado siempre. De hecho, si tuviera miedo, si estuviera asustado, no estaría contándote esto ahora mismo, me lo guardaría e intentaría evitar por todos los medios que descubrieras lo que siento. Ya ves que no. Llega un momento en que te sientes tan libre, tan independiente emocionalmente, que podrían cubrir todo un océano con la gente que sobra en tu vida, que no necesitas.

Lo mejor de todo es que hay quien es capaz de llenarme tanto, que resultaría imposible echar en falta a nadie más. Y esto no es una contradicción, sino la excepción que confirma la regla.