miércoles, 10 de febrero de 2010

Da Capo.

Lo que más detesto a la hora de escribir algo no es buscar el tema a tratar, darle forma, elegir el vocabulario o el hecho de no encontrar sinónimos para así evitar repetirme. Tampoco me molesta demasiado pensar en las personas que lo van a leer y en el efecto que tendrá sobre ellas. Soy demasiado orgulloso para detenerme en eso. Sin embargo, lo que menos me gusta, lo que más desasosiego me produce y más insatisfacción me provoca es decidir cuándo el texto está terminado.
Casi nunca escribo de principio a fin, sin detenerme. No sé si otros lo hacen, supongo que es algo que admiraría. Suelo pararme a veces, retocar algunas cosas, borrar otras, añadir varias. Nunca quedo contento. Es algo que de verdad me quita las ganas de escribir. Nunca el empezar, sino el terminar.
Creo que esto pasa en todos los tipos de arte (y no quiero decir con esto que se pueda calificar de arte lo que escribo, ni mucho menos), así como a todo el que no es de verdad un genio, pero cuándo decides que el cuadro no necesita otro retoque, un tono más suave, menos luz, más fuerza; cuándo la armonía está suficientemente definida, cuándo empieza a estar sobrecargada de excesivas notas; cuándo la nariz de una escultura es lo realmente perfecta, sin ser demasiado grande, pero sin quedar ridícula…
Supongo que es por esto por lo que me siento cómodo con las matemáticas, con su seguridad. Las reglas son las reglas, deben cumplirse y a veces limitan la creatividad e incluso el ingenio pero, además, sirven de guía para no andar dando palos de ciego y te dan la satisfacción de saber que has hecho lo correcto y que lo has hecho bien, cosas que, sin ser la misma, son igual de importantes.
Estoy totalmente convencido de que la mejor forma de vida es la que se basa en unos criterios sólidos aunque flexibles, cimentados en el orden y la coherencia, pero que dejan siempre una puerta, una ventana al menos, por la que entra esa bocanada de aire fresco que rescata del aturdimiento cuando más se necesita, ya sea en forma de música, pintura, literatura o cualquier otro modo de expresar los sentimientos.

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