Cada año, cuando se termina, me doy cuenta de que he cambiado alguna de los razonamientos que sustentaban alguna de mis pequeñas o grandes costumbres. Supongo que es un síntoma claro de desarrollo, de madurez. No es que crea que sea propio de la madurez cambiar la forma de pensar de un año para otro, de hecho, pienso que una persona madura y razonable debería tener unos principios básicos inalterables con el paso del tiempo, algo que lo defina y lo identifique con respecto a los demás. Sin embargo, hay pequeñas cabezonerías, de mayor o menor importancia, que uno toma como bandera en un momento dado y que luego en realidad no son para tanto:
El año pasado decidí, tras muchas navidades después, volver a comerme las llamadas 'doce uvas de la suerte'. Me sigue pareciendo una costumbre estúpida y sin sentido, que no vale para nada y que hacemos porque si, sin darle más vueltas. El caso es que, joder, a mi padre le tocaba los huevos que yo me hiciera el interesante siempre en ese momento, que mi madre me preparara las uvas y que yo dijera: 'No pienso comérmelas, me parece una estupidez y no lo voy a hacer'. Ahora me las como y todos tan contentos.
Este año, sin embargo, ha cambiado mi postura en un tema no tan trivial como el de las uvas: el voto en blanco. He tenido conversaciones interminables (y 'noexajero') acerca de esto. De todos es conocido mi argumento de si fueras pianista y tuvieras que elegir entre que te corten los brazos o las piernas, cuál elegirías, por mucho que te jodan las dos opciones. Pienso que dramatizaba demasiado, está visto que siempre no hay donde elegir y, quién sabe, a lo mejor en las próximas elecciones voto en blanco. No lo considero realmente un método efectivo de protesta contra los que se presentan porque, obviamente, nunca llega la sangre al río, pero, al menos, no me sentiré un gilipollas por haber votado a un conjunto de ineptos. A veces, escucho a mi hermana hablando de política y pienso que tiene más sentido común que muchos de los que nos representan.
En fin, a ver en qué cambiaré este año nuevo; supongo que seguir sorprendiéndome es uno de los motivos por los que tengo tantas ganas de empezarlo.